Carlos Tabares: el chiquitico que hizo grande el 56

Carlos Tabares

A los 16 años, Carlos Tabares le hizo una promesa a su padre: haría grande el número 56. Hasta entonces jugaba con el 1 o el 17, pero un episodio en apariencia triste lo haría tomar la decisión que encausó su vida.

Fue excluido de un equipo cubano de su categoría que iría a jugar en México. Tuvo buen rendimiento en la preselección, pero igual lo dejaron fuera. Antes de irse, le regalaron una camisa del conjunto que viajaría. Era la número 56.

Decepcionado, Tabares no miró la camiseta hasta varios días después, ya en su casa. Pensó incluso dejar la pelota, pero en cambio prometió jugar siempre con el número que había llegado inesperadamente hasta él.

Por 25 años como pelotero activo en Cuba honró su promesa. A pesar de su baja estatura, de algunas lesiones y polémicas, supo cumplirla con creces.

José Ariel Contreras, uno de los grandes pitchers cubanos, le comentó una vez que no sabía cómo siendo “chiquitico” pudo conectarle dos jonrones en un mismo juego. “Uno fue con recta y otro con slider –dice y sonríe–, y con el 56 en la espalda.”

La reverencia del Latinoamericano

Carlos Tabares lleva un pedazo de esponja que aprieta entre los dedos de la mano derecha, todavía hinchada. Han pasado varios meses, pero aún se duele el pelotazo que recibiera en un entrenamiento. Dice que solo sintió el golpe en la mano y que nunca vio la bola propulsada por el bate de Yordanys Samón.

Pero la lesión de Tabares no fue como pelotero, sino como entrenador del equipo Industriales, el mismo en que jugó toda su carrera hasta la campaña anterior. La Serie Nacional 56, como había anunciado previamente, fue su última en activo en el béisbol cubano.

Se retiró oficialmente el 11 de enero de 2018, en los compases finales de una temporada en la que debutó como coach de tercera del equipo azul. El estadio Latinoamericano lo despidió como a un héroe.

“Lo que hice fue calcular: en la Serie 56 tendría 42 años, una edad buena para el retiro –explica a OnCuba. Hay atletas que esperan mucho para retirarse y terminan mal. Hay otros que se han retirado con 30 y pico de años y después han querido volver al terreno. A mí se me dio como lo pensé. Mi decisión fue llegar a la 56, pero llegar en forma para que la gente me pudiera recordar bien.

¿Cómo hiciste para lograrlo?

En el último año le dije a Javier Méndez, que era el manager en ese momento, que iba a terminar como siempre me habían visto los aficionados, como center field, tirándome de cabeza. Yo siempre me preparé bien pero la preparación ese año fue el doble y hasta el triple. Me exigí más en la parte física y logré que la gente me viera como me había conocido inicialmente.

Un país dentro del Latino

¿Esperabas un retiro como el que tuviste?

Todavía no he aterrizado con lo que pasó, me sorprendió totalmente. Eran 55 mil personas en el estadio, más los que se quedaron fuera. Me emocionaron tantos reconocimientos…

Fue muy bonito que pudiera estar mi familia completa, mi primer entrenador, mis otros entrenadores y compañeros. Fue como un espectáculo-show. Malleta me dijo que jamás había visto así el Latino. Me demostraron que era un jugador muy querido.

Un center azul

Tabares comenzó en el béisbol con solo 8 años de edad. Aunque jugó casi toda su carrera en los jardines, no fue así en sus inicios.

“Al principio yo era jugador de cuadro: short y tercera. Pero en un juego, una bola me dio en la frente y como niño al fin cogí miedo. Les dije a mis padres que no jugaba más en el cuadro, que me iba para los jardines. A partir de ahí me hice center field.

“Cuando llegué a Industriales, en esa posición estaba Javier Méndez y había otras estrellas en los jardines. Pero en las prácticas le fildeaba a todo el mundo, en los tres jardines. Eso me fue ayudando y el 96 fue el último año que jugué en el left field. A partir del 97 empecé en el center, hasta que me retiré.

En Cuba, Tabares siempre vistió el uniforme de Industriales, conjunto con el que conquistó seis coronas (1992, 1996, 2003, 2004, 2006 y 2010).

“Nunca pasé por Metropolitanos –confirma–, aunque un año estuve a punto, porque me lesioné y querían pasarme para el equipo rojo para que pudiera recuperarme. Pero dije que no. Mi uniforme era el azul.”

¿Es difícil jugar en Industriales?

Para mí no lo fue porque desde los juveniles jugaba sin presión. Pero sí lo es para algunos jugadores, porque Industriales es el equipo más odiado y más querido de Cuba. Tiene la exigencia no solo de los aficionados de La Habana sino de todo el país.

A muchos le molesta nuestro sistema de juego y otros dicen que somos los que mejor jugamos a la pelota; todo eso presionaba al atleta. Han venido peloteros de otras provincias, como refuerzos, y han sentido esa presión. Una vez hasta Lourdes Gurriel, que era un pelotero más que probado, me dijo que era verdad que jugar con Industriales era difícil.

¿Qué distinguirías de los equipos Industriales en los que jugaste?

Cuando llegábamos a las bases sabíamos lo que teníamos que hacer, eso era constante. Escondíamos las pelotas, corríamos para ganar una base más, jugábamos con mucha entrega y siempre tuvimos una excelente defensa.

A muchos aficionados no le gustábamos, decían que éramos provocadores, que nos vestíamos de una manera llamativa, que por ser de La Habana nos creíamos los mejores, pero yo te digo que eso no era así. Industriales siempre fue un equipo de buenas personas.

¿Cuáles son tus etapas favoritas con el uniforme azul?

Tengo dos momentos favoritos: uno, cuando logré ser campeón con Pedro Medina como director y un colectivo de trabajo envidiable, con peloteros de tremenda calidad; y el otro, cuando esa generación se fue y llegó Anglada a la dirección del equipo. En ambas etapas llegamos a formar un grupo compacto, como una familia, que nos permitió lograr grandes resultados.

¿Contra qué equipos disfrutabas más jugar?

Contra Santiago, por la rivalidad y la calidad de los juegos. Tenía grandes bateadores, no por gusto los comparaban con una Aplanadora. También me gustaba enfrentar a Pinar del Río, porque tenía el mejor pitcheo de Cuba, y a Villa Clara, que tenía un sistema de juego parecido al nuestro, de rapidez, de jugadores inteligentes. Pero con Santiago, siempre fue especial. El Latino siempre se abarrotaba y el Guillermón ni hablar.

Espectacular, habilidoso

Para construir una carrera tan brillante como la suya, Tabares tuvo siempre la misma fórmula: entrenar y entrenar.

“Lo que me permitió mantenerme durante tantos años fue la disciplina con que entrenaba –asegura. Me exigía mucho y si había que hacer 4 carreras yo corría 6 y en el gimnasio hacía lo mismo. Esa disciplina la mantuve siempre, sobre todo con las carreras. Cuando uno es joven puede pasar por alto algunas cosas, pero si se aspira a tener una carrera larga y exitosa uno no puede despreocuparse.”

¿Cuál era la clave para las jugadas espectaculares que hacías: la preparación o el instinto?

El center field debe ser espectacular. Hay jugadas que se pueden preparar, pero tienen que salirte bien. A veces la gente me decía que yo acortaba los pasos para hacer un fildeo pero si tú acortas los pasos y no mides, la jugada no te sale. La virtud de ser exacto a la hora de fildear me la dio el entrenamiento. En las prácticas desarrollé mucho el fildeo hacia atrás y también hacia los lados, porque las jugadas más espectaculares de un jardinero central son en esa dirección, para poderte tirar.

En los entrenamientos empecé a desarrollar el sistema auditivo: escuchaba el batazo, me viraba de espaldas y corría. La bola un día me picaba aquí, otro allá, hasta que me dije, “aquí no va a caer más ninguna”. Con tanta práctica fui creando un área de fildeo para coger los batazos hacia atrás. Incluso con el estadio lleno, si estás concentrado, tú sientes el sonido. Y eso que jugué con aluminio y con madera. Después creé mi estilo que era ponerme el guante a la altura del hombre izquierdo para coger la bola.

¿Eras supersticioso en el terreno?

No, pero sí me anticipaba. Mi superstición era la anticipación. Me anticipaba a lo que iba a pasar, a cómo iban a darse las jugadas, y la mayoría de las veces acertaba. En eso no creía.

Muchos recuerdan tu “fildeo” contra Australia en Atenas 2004. ¿Fue una jugada que anticipaste o que resolviste con habilidad en ese momento?

En esa jugada, cogí la bola en el salto pero se me fue del guante y dio en el colchón. Pero me dio por meterla enseguida dentro del guante y el árbitro pensó que la había cogido, porque todo fue muy rápido. Pensó que había sido el guante el que había rebotado contra la cerca y no la pelota.

Esa habilidad también hace a un atleta. No me caractericé por un gran físico, pero lo que me hizo mantenerme al máximo nivel fue la inteligencia, porque me me anticipaba a las cosas, estudiaba mucho al contrario. No tenía la estatura de Capiró, ni de Malleta y Rudy; era chiquito pero tenía la mente ágil y sacaba provecho a las situaciones del juego, a los gestos de los pitchers. Entrenar es importante, pero también hay que ponerle el extra a los partidos, ponerle la mentalidad.

El Cuba, el Clásico Mundial

Carlos Tabares llegó al equipo Cuba en 1998. Antes había asistido a competencias menores con el uniforme cubano, pero una vez que entró por la puerta grande en el Mundial de Italia parecía predestinado a seguir. No fue así.

“Desde el 99 hasta el 2002 fui injustamente separado del equipo –dice con amargura–. En 1998, en los Centroamericanos de Maracaibo, estaba Oscar de León cantando y me subí a bailar. Cuando volví a Cuba desaparecí de la selección. Después me enteré que alguien osó decir que yo era un posible desertor.

“Ese comentario tronchó 4 años de mi carrera deportiva. Yo podía haber jugado contra los Orioles, en los Panamericanos de Winnipeg, en los Juegos Olímpicos de Sidney, porque estaba en buena forma. Pero al final pude volver al equipo Cuba y demostrar que Tabares era un pelotero que amaba a su pueblo. Si yo hubiera querido desertar lo hubiera hecho desde muy temprano, porque desde el principio tuve ofertas para hacerlo”.

¿Cómo fue tu regreso al equipo Cuba?

Fue en el 2003 y desde entonces me mantuve por varios años. Pude ir a los Panamericanos, a los Juegos Olímpicos de Atenas, al primer Clásico Mundial. Sin embargo, nunca me explicaron por qué me habían dejado fuera en los años anteriores a pesar de que estaba rindiendo, ni me dijeron que se habían equivocado conmigo.

Pero mira, en el Clásico tuve la oportunidad de jugar contra peloteros de Grandes Ligas, de hablar con ellos, y ellos con todo respeto decían que nos admiraban por la forma en que jugábamos, por la colectividad que teníamos y cómo queríamos a nuestro país. Esa satisfacción no me la quita nadie.

Todavía se habla mucho de una frase tuya antes del primer Clásico Mundial. ¿Cómo surgió?

Estaba en el Latino conversando con Julita Osendi sobre los peloteros a los que nos íbamos a enfrentar en Clásico, sobre lo que podíamos hacer. Había mucha gente que pensaba que nos iban a pasar por arriba pero yo le dije a Julita que esos peloteros no tiraban la pelota por debajo de la tierra y que nosotros de seguro íbamos a “dejar la piel en el terreno”. Así surgió la frase. Y en el Clásico de verdad la dejamos. Todo el mundo nos vio en los primeros días como lo que éramos: amateurs. Pero después empezó el respeto con los resultados, en la medida en que fuimos avanzando hasta la final.

¿En algún momento sintieron que iban en inferioridad?

Se sentía la presión, no creíamos que estuviéramos ahí. Al principio no nos salían las cosas, pero nos dimos confianza entre nosotros mismos. Nos convencimos de que teníamos que divertirnos y hacer lo que nos gustaba. A partir de entonces comenzamos a ganar y cada cual aportó su granito. Nos fuimos dando cuenta que sí podíamos jugar a ese nivel e incluso ganar, aunque al final no salió contra Japón.

¿Crees que el Clásico es el momento cumbre de tu carrera internacional?

Prefiero el oro olímpico de Atenas, y después me quedo con el Clásico.

“Me gustaría ver un Cuba unificado”

Tras un cuarto de siglo en activo, Carlos Tabares no lamenta haber jugado toda su carrera con equipos cubanos. Pero le hubiese encantado “ver si de verdad todos los fildeos que hice en Cuba los hubiese podido hacer en otras ligas, en terrenos de más condiciones”.

“Me hubiera gustado que las contrataciones hubieran llegado más temprano, cuando estaba mi generación –confiesa–. Si esos contratos se hubieran dado antes no se hubieran ido muchos atletas que hoy están jugando en las Grandes Ligas y en otros países. Esos peloteros no se fueron por problemas políticos, fueron a probarse y eso lo discuto con cualquiera. He podido compartir con muchos de ellos, incluso hubo una clínica en La Habana a la que vinieron Yasiel Puig y Pito Abreu, y les digo que es así.

¿Te hubiese gustado jugar en las Grandes Ligas?

Me hubiera gustado tener esa experiencia, aunque no necesariamente en Grandes Ligas. La liga japonesa tiene un gran nivel y se han ido sumando otros países con buenas ligas. En el 98 vinieron unos japoneses y pensaron en cinco atletas para jugar allá: Pacheco, Linares, Kindelán, Germán y Tabares, pero cuando aquello las contrataciones de hoy no existían. De lo contrario, hubiera tenido la oportunidad de probarme en Japón.

¿Crees que la pelota cubana era mejor antes o que se arrasaba afuera porque los contrarios no tenían la calidad de ahora?   

Cada cual en su época. Es cierto que durante mucho tiempo se bateó con aluminio, pero había pitchers japoneses, o norteamericanos, con la misma velocidad con la que nos tiran ahora, pitchers que después llegaron a Grandes Ligas. Ahora los rivales se preparan un poco más, hay más desarrollo beisbolero en diferentes países, pero no se pueden comparar las épocas.

Por otro lado, si los contrarios ahora se preparan mejor, entonces para poder ganar Cuba no puede seguir haciendo las cosas como antes. Hay que actualizar nuestra pelota. Tenemos que mejorar en los entrenamientos, en la táctica, en la mecánica de pitcheo… Y está también el tema de la emigración: ¿cuántas figuras han abandonado el país en los últimos años?

¿Dónde crees que está el principal problema de la pelota cubana hoy?

En la mentalidad, en el incentivo, en que el atleta no sea reconocido como debería: hay muchos atletas que tienen rendimiento y no tienen contrato, no hacen equipo Cuba y se decepcionan. Pero los atletas también tienen que poner de su parte: si uno quiere triunfar como pelotero, no puede ser conformista. Tiene que entregarse en el terreno, que esforzarse por ser mejor. No se puede llegar a la Serie Nacional a buscar 4 laticas de refresco, por ejemplo, o pensando en la buena comida y el hotel con aire acondicionado. Hay que quitar esa mentalidad que se ha creado un poco.

¿Te gustaría ver un equipo Cuba unificado?

Sí, porque al final todos somos cubanos. Si reunimos a los atletas que juegan fuera con los de acá y ganamos, va a ganar Cuba. Podrá verse que el béisbol cubano no está muerto. En Mundial, en una Olimpiada, me encantaría verlo.

Has tenido contacto con peloteros que se han ido del país. ¿Qué te han dicho ellos sobre volver a jugar con Cuba?

Todos quisieran. Estuve en la casa de Aroldis Champan y pude visitar a varios de ellos: Puig, Maya, los Gurriel y Odrisamer Despaigne. Me hablaron de que les gustaría que los dejaran jugar con Cuba. Es cierto que tienen que cumplir sus contratos y jugar allá con su organización pero muchos han podido volver a tierra, a visitar a su familia, sentir nuestro calor, como hacen los dominicanos.

Ahora, gracias a Dios, se están haciendo conversaciones para que los atletas cubanos puedan insertarse en Grandes Ligas; para que jugar en otras ligas sea una cosa normal. Fíjense que ya los peloteros no se van en lancha. No hay necesidad, como hay leyes de contratación puedes ir a cualquier país.

Del center field al cajón de coach

Aunque ya hace más de un año que no juega en el center field, Tabares no ha salido de los terrenos de pelota. “No he descansado”, dice el ahora coach de tercera de los azules de La Habana. Pero no hay arrepentimiento en sus palabras. “La pelota es mi vida”, remata.

¿Cómo llegaste al cuerpo de dirección de Industriales?

Me habían invitado a la preparación del equipo que iba a participar en la Liga Can-Am el año pasado. Estaba en el Latino y Víctor Mesa me dijo que quería que fuera su coach de tercera si dirigía Industriales, pero no pasó por mi mente que lo dijera en serio. Pero luego veo que Víctor lo dice en la televisión como algo oficial, así que lo asumí, incluso estuve al frente de los entrenamientos del equipo cuando él fue para Canadá.

¿Cómo se ve el juego desde el cajón de coach después de 25 años en el center?

Es muy difícil. Muchas veces me dieron ganas de batear y fildear, de salir al terreno cuando fallaban los peloteros. Pero nunca hice una exclamación aun siendo del cuerpo de dirección, porque yo sé lo que eso, pasé por ahí.

Como coach me ayudó mucho que era un pelotero que vivía del robo de señas, de fijarme en las señas de mis compañeros. Lo que me faltaba era aprender como moverme en el cajón porque nunca lo había hecho. Desde ahí se ve el juego diferente, pero no me ha sido difícil trasmitirles las ideas a mis alumnos.

¿Te gustaría dirigir en algún momento?

En el futuro sí, y sobre todo a un grupo de jóvenes para que aprendan a sentir la camiseta y a jugar el béisbol. Para que lo respeten y se respeten, para que no dejen nunca de jugar agresivos.

Este año Industriales volvió a estar en el cuarteto semifinalista. ¿Cómo viste el equipo y la dinámica alrededor de Víctor Mesa?

Todo empezó desde el entrenamiento con mucha dinámica, mucha alegría. Tuvimos muchos recursos y cambiaron las condiciones. No sé si fue porque llegó Víctor. Pero su sistema de trabajo es así, y así es como se debe trabajar. Si en un futuro yo dirijo, ese va a ser mi método: crear las condiciones al atleta primero y después trabajar.

En la temporada tuvimos muchas lesiones, pero le sacamos provecho a esa primer etapa. La gente se adaptó al sistema de juego de Víctor, a su pensamiento y juego rápido, agresivo. Mucha gente critica su método de dirigir, pero es su forma y eso no lo va a cambiar nadie. Para él, es la mejor manera de trasmitirle al atleta la agresividad que le gusta en el terreno. Creo que la próxima temporada, con un año más, la gente va a adaptarse mejor a su sistema.

Una cosa sí es cierta, mejoramos el lugar aunque no hayamos ganado el campeonato, salimos de un noveno a un cuarto. No es un trabajo malo. Llenamos el estadio y pusimos al equipo entre los semifinalistas.

Siempre el 56

Fuera del estadio, Carlos Tabares prefiere los deportes, la música y, sobre todo, la familia.

“En primer lugar está mi familia –asegura–: mi esposa, mis niñas y el niño. Ellos van conmigo a todos lados. Pero también me gusta mucho la música, sobre todo la de los Van Van, el dominó, ver cualquier tipo de deportes. Soy amante del fútbol, fanático del Barcelona desde Ronaldinho.”

En la casa, su lugar favorito es la cocina: “Me gusta mucho y les puedo asegurar que cocino muy bien. Mi especialidad son los mariscos, pero cocino de todo. Modestamente, creo que puedo ser un cocinero internacional.”

Ahora que ya te retiraste, ¿piensas seguir jugando pelota con los veteranos? 

Este año no me invitaron al Juego de Veteranos porque dicen que era muy joven y me acababa de retirar. Pero sí, pienso seguir dando lucha si me dejan.

¿Qué te gustaría ver en el futuro de la pelota cubana?

Ver a los peloteros cubanos jugando con los de las Grandes Ligas. Me gustaría para que la pelota cubana siga subiendo y se inserten jóvenes con más deseos.

La chapa de tu carro termina en 56, igual que tu número telefónico; terminaste con 1956 hits en series nacionales. ¿Te gustaría que ese número se asociara siempre a tu nombre y lo retiran del equipo Industriales?

Me gustaría que siguiera siendo mi número porque no lo cogí para imitar a nadie. Salió de mí, y aunque ya no esté jugando quisiera que no lo usara otro atleta en Industriales. Mientras siga en el béisbol, siempre lo voy a usar. Si lo pudieran retirar sería la mayor felicidad del mundo.

Tomado de: https://oncubamagazine.com/deportes/carlos-tabares-chiquitico-grande-56/

Acerca de Oscar Luis

Licenciado en Cominicación Social, vivo en La Habana Cuba

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